Alcances 12

Todo el mundo lo dice. La ciudad andaluza de Cádiz es una capital del mundo venida a menos que, sin embargo, conserva toda su grandeza histórica y antiquísima, posee una extraordinaria aureola de magia y encanto, y transmite la poderosa sensación de que sus habitantes, sean cuales sean sus circunstancias, saben beberse la vida.

Pero, al mismo tiempo, Cádiz siempre ha sido un enclave de honda preocupación social, rabiosamente inconformista, adelantado a la hora de denunciar las lacras de su entorno. Por eso no resulta sorprendente que en esta ciudad mágica se celebre un Festival de Cine que siempre ha estado especialmente atento a la realidad sociopolítica, qué pasa en el mundo, cómo pasa, por qué. Se trata de la Muestra Cinematográfica del Atlántico, y todos lo conocen con el hermoso nombre de Alcances.

Desde hace ya algunos años, Alcances concentra toda su actividad en el Documental Español (con numerosos guiños hacia Latinoamérica), optando, en líneas generales, por el documental más creativo (en la línea de Documenta Madrid, en el que, por cierto, ha sido escandalosamente cesado su brillante director e impulsor, Antonio Delgado Liz) y también el más batallador. Si quieren saber lo que ocurre realmente en España y fuera de España, olviden el telediario y vengan a Alcances.

Este festival imprescindible divide su Sección Oficial en tres apartados: largometrajes, mediometrajes y, claro está, cortometrajes. Y lo primero que hay que decir es que el nivel medio de estos últimos ha sido bastante más que razonable. Por supuesto, siempre se cuela algún submarino, pero casi todos los títulos eran, como mínimo, respetables, y un buen número de ellos alcanzaba momentos de auténtica inspiración. Única nota discordante, y en tono menor: creemos que la calidad de las proyecciones es mejorable, aunque eso sí, es justo señalar que estas han mejorado notablemente en los últimos años.

Sólo hablaremos de los cortometrajes que más nos estimularon, aquellos que, nos parece, supieron ir un paso más allá. Esperamos que lo que vamos a escribir les incite a ver estos cortos, buscarlos, localizarlos, y seguro que, por el camino, se encontrarán con los restantes.

Así pues, ¿cuáles son, según nuestro humilde criterio, los cortos proyectados en la Sección Oficial capaces de generar afición?

A story for the Modlins, de Sergio Oksman

Los Modlin, por supuesto. Fue este corto, precisamente, el que inauguró Cortosfera, y nos remitimos al largo artículo que escribimos entonces. Simplemente añadir que, después de iniciar su andadura en la Semana del Cortometraje de Madrid, la obra de Oksman ha ganado el Primer Premio en tres certámenes seminales: Documenta Madrid, Karlovy Vary y Vila do Conde. Es decir, un palmarés poco menos que impensable, inconcebible, y más cuando el recorrido internacional del corto no ha hecho más que empezar. Sin duda, esta historia de los Modlin está llamada a ser uno de los cortos esenciales de la nueva década.

La aldea perdida. El lado oscuro, de Manuel Jiménez Núñez

Se trata, al parecer, de la reedición de la primera parte de un largometraje preexistente llamado, igualmente, La aldea perdida, que lamentamos desconocer, pero del que no faltan referencias más que elogiosas. En cualquier caso, no podemos dejar de señalar el poder de fascinación que desprende este corto en sí mismo considerado.

El asunto gira en torno a un ritual de aspecto ominoso, decir inquietante es poco. Observen, si no, esta fotografía. ¿Ven a esa figura envuelta en una capa que parece un tótem, una especie de dios implacable adorado por las masas?

Pues es la Blanca Paloma, y el ritual es la procesión de madrugada de la Virgen del Rocío en Almonte, Huelva. Pero hemos hablado de tótem, ominoso, dios implacable. En efecto, porque en todo momento parece que estamos asistiendo a un antiguo ritual pagano. La marcha reverencial, los cohetes lanzados para crear una humareda que parece invocar al diablo, las declaraciones entusiastas de los procesionarios, para los que la Virgen es el sentido último y único de sus vidas…  Más qué una procesión católica parece una celebración céltica, una posesión vudú, el prólogo de un sacrificio humano al dios sol.

Pero, al mismo tiempo, no cabe duda de que estamos ante un rito rematadamente español. Una amiga comentó que la estética de este corto le recordaba mucho a Goya, y muy especialmente a las Pinturas Negras, y está claro que no le falta razón, y podríamos añadir a Quevedo, Solana, Valle Inclán, Buñuel. Resulta admirable cómo Jiménez Núñez sabe arrancar el lado más atávico, más terrible de la Semana Santa y el catolicismo rural, y a la vez hacerlo totalmente cercano, reconocible. Esa procesión no es de otro mundo ni otro tiempo: sucede aquí, muchos de nosotros hemos asistido a ella, y esos que parecen locos fanáticos son nuestros amigos y vecinos de toda la vida.

Las variaciones Guernica, de Guillermo G. Peydró

El Alcances más reivindicativo destacó con esta obra inspirada en el Guernica de Picasso, y que parte de una premisa realmente inquietante: un profesor afirma que el bombardeo de Guernica no fue sino un experimento, cuyo objetivo era sembrar el terror y la confusión masacrando a la población civil. Una nueva estrategia militar que sustituiría a la mentalidad propia de la I Guerra Mundial, basada en, ejem, el campo del honor.

A partir de ahí, Peydró establece un paralelismo con la situación actual, un poco traído por los pelos, ya que el único punto en común es la represión, más o menos implacable, de policía y ejército contra la contestación civil, de la Primavera Árabe a la actualidad. Todo consiste en una alternancia de visitantes contemplando el Guernica, fragmentos de entrevistas y conferencias en torno a la rebelión ciudadana y a sus causas, e imágenes, directamente sacadas de la red, de cargas policiales y matanzas en toda regla. Hay espacio para Libia, Egipto, Chile, los EEUU, los disturbios de Londres, Barcelona…

En cualquier caso, el corto funciona a la perfección, ya que Peydró sabe estructurar muy bien su película, elige estupendamente sus materiales, absolutamente contundentes, y alterna con inteligencia momentos mudos con una estupenda música de Samuel Andreyev. Es más, en ningún momento tenemos la sensación de estar asistiendo a una serie de apuntes dispersos, sino a un discurso global bien hilado: la represión de los ciudadanos por parte del poder es un ejercicio de terror.

Recordamos, con especial intensidad, la espeluznante explicación que da un especialista sobre las causas reales de la subida de los precios de los productos agrarios en Egipto, y, por supuesto, la sobrecogedora grabación final en torno a un tiroteo organizado desde un helicóptero militar, en el cual se escuchan los comentarios inhumanamente mecánicos de los soldados antes de disparar contra los civiles que se ponen a tiro.

Kubrick, de Chus Domínguez

¿Saben ustedes lo que es el video mapping? Se llama así a la técnica de proyección de imágenes audiovisuales sobre superficies arquitectónicas, para conseguir efectos estéticos en 3D. Una técnica, tal vez un arte, que cada vez tiene más adeptos, y hasta festivales exclusivos, y que ustedes pueden admirar en este video.

Es posible que el leonés Chus Domínguez no considere a su obra un video mapping, sino una simple proyección de imágenes sobre la pared de una calle. En cualquier caso, y aunque su propuesta es más bien modesta y no especialmente original, Domínguez consigue un excelente resultado partiendo de una idea extremadamente sencilla.

El leonés coloca su cámara frente a la fachada de un local desnudo en una calle desnuda. Eso es todo. Pero se da la circunstancia de que ese local fue en tiempos el cine Kubrick, en el que Domínguez, suponemos, vio buena parte del cine que amó y sigue amando. Y sobre esa fachada proyecta imágenes que él rodó dentro del cine cuando este existía. Imágenes más bien abstractas: sombras de celuloide, de rollos de película, haces lumínicos…

El corto dura 14 minutos. Ustedes se preguntarán cómo se puede mantener el interés en una historia como esta durante 14 minutos. Pues Domínguez lo logra. Por diversos motivos. Primero, por su exquisito cuidado fotográfico. Segundo, por su adecuada dosificación de los elementos proyectados, que permanecen el tiempo preciso para calar en el inconsciente del espectador, y así crear una emoción inexplicable.

Y tercero, porque con todo ello compone una hermosa atmósfera de auténtica fantasmagoría, que cristaliza en algunos momentos soberbios. La luz que coincide con el marco de la puerta del local. La inesperada sombra de un hombre sobre ese mismo marco. Y el bellísimo plano final: la imagen proyectada es el antiguo vestíbulo del cine, cuando aún había espectadores, movimiento, vida. Sobre el exterior se proyecta un tiempo perdido para siempre, que empieza a estar demasiado lejos, y que ya sólo podemos recordar, las más de las veces, como sombras difusas.

Marquesa, de Andreu Meixide

Finalizamos con un trabajo por el que, personalmente, sentimos especial debilidad. Un recorrido por una casa particular de nada menos que 1500 metros cuadrados, el único palacio urbano de uso doméstico que aún existe en Barcelona y que no ha sido donado al Estado o destinado a fines comerciales.

El caso es que esta mansión está habitada principalmente por una única persona, Margarita, la ya anciana Marquesa de Caldas. La señora tiene varias personas a su servicio, que se turnan a lo largo de la jornada, y usualmente pasan por allí su nieta, que viene a tocar el piano que preside una sala de baile inmensa, y su hijo, que vive con el resto de su familia en una superficie 15 veces menor que la casa de la Marquesa.

El gran acierto del cortometraje es que la Marquesa no aparece hasta el final. Meixide se solaza en mostrarnos las diversas dependencias de la exquisita y opulenta casa en planos fijos (excepto algunos preciosos, y turbadores, travellings de acercamiento) pero sin la presencia de la dueña. De este modo, la propia naturaleza recogida, penumbrosa,  extremadamente silenciosa de la casa define inmejorablemente a la Marquesa, del mismo modo que las casas que pintaba Edward Hopper definían el alma torturada de sus habitantes.

Llama la atención el contraste entre las amplísimas dependencias y el gusto por retratar los detalles de la vida diaria de la señora. Así, a la imagen de un delicioso cuarto de baño le sigue un planito de los champús que usa la Marquesa, y que son, poco más o menos, los que todos tenemos en nuestro baño. Pero el más revelador es aquel en el que el servicio entra en una sala impresionante para recoger el desayuno de la Marquesa (que, por supuesto, ya no está allí). Se trata de una bandejita con un café acabado y una sencilla tostadita de mermelada. En efecto, la casa es suntuosa y extraordinariamente amplia, pero la Marquesa vive refugiada en un mundo humilde y diminuto.

Marquesa es un documental sobre una clase no ya decadente, sino totalmente embalsamada. La vida diaria de la señora Marquesa es la de un alma en pena. Se levanta, desayuna, y se pone a mirar a las personas que pasan por la calle, cómo cambian sus ropas, sus peinados, a lo largo del tiempo, ya mucho tiempo. Y nada más. Hace mucho que la señora de la casa abandonó el mundo real y se estancó en este ensueño mortuorio.

La próxima semana, el Palmarés.

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Acerca de Oscar de Julián

Ha sido director del Festival Internacional de Cortometrajes Almería en Corto entre 2005 y 2011. Lleva casi dos décadas en el mundo del cortometraje, generalmente como guionista, y ha dirigido dos cortometrajes, digamos, documentales, Joe K y Doppelgänger, ambos nominados al Goya. Escribe una entrada cada diez días. Es vago, pero constante.

3 Respuestas a “Alcances 12

  1. Impresionante!!! Al leer los comentarios dan ganas de ver todos los cortos. Con que cariño los expones. Saludos y gracias por hacernos soñar.

  2. pablo

    Lo mismo digo, es un tremendo lujo un blog de tanta calidad sobre cortos. Gracias!

  3. Pingback: Crítica a La aldea perdida. El lado oscuro » Producción y Servicios Audiovisuales

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